En el ajetreo diario, a menudo subestimamos el impacto de gestos tan simples como un abrazo o una pregunta sincera: ¿cómo estás? ¿Cómo te encuentras hoy? Solemos pensar que la felicidad es la búsqueda constante de grandes logros y nos olvidamos de la profunda alegría y el consuelo que se hallan en las conexiones humanas básicas. Estos gestos no solo son lindos sino también esenciales.
Un abrazo puede transmitir tantas cosas sin necesidad de palabras, como ofrecer refugio, calidez y seguridad cuando nuestro cuerpo se siente incierto o la mente esta agotada.
Esas preguntas van más allá de una formalidad, se abre la puerta a un espacio de confianza donde podemos expresar lo que sentimos.
Muchas veces la sociedad nos empuja a mostrar una fachada, incluso cuando por dentro lidiamos con varias cosas, pero abrirnos a recibir ese abrazo o a responder honestamente esas preguntas bien intencionadas, nos hace más fuertes, porque somos seres que necesitamos apoyo, amor y la sensación de pertenencia.
Esos son los momentos de conexión genuina, esos abrazos que nos recargan de energía y esas conversaciones donde te sientes verdaderamente escuchada, los que nos permiten seguir adelante.
Así que, la próxima vez que tengas la oportunidad no dudes en dar un abrazo sincero y si eres tú quien lo recibe, permítete sentir la calidez y el apoyo, porque en esos pequeños gestos, reside una parte inmensa de nuestra felicidad y bienestar.
.png)
Comentarios
Publicar un comentario