El gesto de garra

 


Aunque parece un detalle menor, es en realidad un grito de auxilio del cuerpo tratando de encontrar estabilidad donde siente que no la hay. 
Alguna vez te has fijado en cómo se ven tus pies cuando caminas o incluso cuando estás de pie intentando mantener el equilibrio? Hace poco mi kine me habló sobre un tema que nos pasa a muchos de los que lidiamos con una marcha inestable: la garra de paloma, esta tendencia casi instintiva de encoger los dedos de los pies, apretándolos contra el suelo o el zapato como si quisiéramos anclarnos a la Tierra pero, por qué lo hacemos y qué precio pagamos por ello? 
No es un mal hábito, sucede porque el cerebro detecta que el equilibrio falla, cuando no se controla bien la verticalidad es entonces ahí donde el cuerpo reacciona de forma primitiva aumentando el agarre, encogemos los dedos buscando una tracción extra, como si nuestras plantas fueran garras que pudieran sujetarse al pavimento para no caer y es en definitiva mecanismo de defensa ante el miedo a la inestabilidad. 
En el corto plazo, nos da una falsa sensación de seguridad. Al poner el pie rígido y en garra nos sentimos más firmes pues creemos que al tensar toda la musculatura del pie vamos a controlar mejor el paso dudoso, pero aquí es donde la franqueza es absolutamente necesaria: toda esa atención es nuestra enemiga dado que sí permitimos que el pie se mantenga en esa actitud los tendones se acortan, los pies pierden su flexibilidad natural y se vuelven demasiado rígidos, aparecen dolores en la planta y heridas por el roce constante de los dedos encogidos con el calzado. Irónicamente un pie rígido comunica peor con el cerebro entonces, para equilibrarnos, necesitamos un pie que se adapte al terreno. El primer paso es darte cuenta. 
Es imprescindible masajear la planta con una pelota de tenis o usar las manos para estirar los dedos hacia afuera ayudando a romper esa rigidez que se quiere instalar. 
Intenta sentir que el peso se reparte en el talón y la base de los dedos no solo en las puntas. 
Tus pies están intentando protegerte pero se están equivocando de estrategia. Mantener los pies blandos y estirados es, aunque parezca contradictorio, la forma más segura de caminar con firmeza. 
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